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Schöenstatt Florida
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El faro de Schöenstatt (ABRIL - MAYO - JUNIO 2008) "La publicación de la Familia Schöenstatiana de la Florida"
P. Christian Christensen SALVADOS EN LA ESPERANZA Un schoenstattiano se siente muy en casa leyendo al papa Benedicto XVI (lo mismo leyendo al papa Juan Pablo II). La última encíclica del papa actual nos lleva a reflexionar sobre la esperanza y a orientar positivamente nuestra vida en la vida de Cristo. “Spe Salvi” es el título latino de “Salvados en la esperanza” En un mundo donde lo material, siendo esto tan inseguro, es el bien supremos, el papa trae el profundo mensaje evangélico de que nuestra vida no se reduce a lo material y que no acaba en el vacío. El Señor nos anuncia la buena nueva y nos llama a vivirla. Llegar a conocer al Dios verdadero, es lo que significa recibir esperanza” (Número 3). Por este encuentro con el Señor, hombres y mujeres entregaron sus vidas. “El encuentro con el Dios vivo, y así, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, transforma desde dentro la vida y el mundo”. ( # 4 ) Esta transformación viene de una profunda fe en el mensaje salvífico de Cristo. En la epístola a los Hebreos, 11, 1, leemos: “La fe es garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven”. Nuestra esperanza es la vida de Cristo, la salvación que el Señor nos regala y el cielo que promete. El P. Kentenich nos habla tan claramente de Dios que está presente en nuestra vida, de un Padre providente que guía nuestra existencia y al cual seguimos llenos de confianza. Se ha desvirtuado la redención, la culminación del hombre, afirmando que la salvación viene por medios humanos. En siglos pasados se dijo que el desarrollo de la ciencia nos llevaría a un progreso que concluye en un mundo totalmente nuevo, en el reino del hombre. El progreso nos llevaría a la libertad perfecta. Así el hombre llega a su plenitud. Pero el progreso nos lleva también a posibilidades abismales del mal. Si el progreso técnico no corresponde al progreso de la formación del hombre, no es un progreso, sino una amenaza para el hombre y para el mundo. El progreso necesita la fuerza salvadora de la fe, el discernimiento entre el bien y el mal. Si queremos instaurar un mundo nuevo, debemos incorporar a Dios en todo el quehacer humano. Para esto, El mismo sale a nuestro encuentro y nos habla. La fe en Dios presente en medio nuestro, hace que al escucharlo, progresemos en el verdadero sentido de la palabra.. El número 22 de la encíclica nos plantea que podemos esperar. Nos recuerda tan claramente el Acta de Prefundación, donde el Padre nos habla de la necesidad de crecer interiormente. Nos dice Benedicto XVI que cada vez hay un mayor dominio de la naturaleza. Pero el crecimiento moral y ético no tiene un desarrollo por si mismo. Cada uno debe usar su libertad para decidirse y optar por el bien. La libertad debe ser conquistada para el bien una y otra vez. No es la ciencia la que redime al hombre, es el amor ( # 26 ) Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento de redención y que da nuevo sentido a la existencia. El amor del Señor es incondicional (Rom. 8, 38-39). La gran esperanza del hombre, que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado hasta el extremo (Jn 13, 1). Quien ha sido tocado por el amor, empieza a intuir lo que es la “vida”. Jesús explica lo que es la vida: ”Esta es la vida: que te conozcan a ti como Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17, 3) Dios es el fundamento de la esperanza ( # 31 ) , pero no cualquier Dios, sino el Dios que tiene un rostro y que nos ha amado hasta el extremo. Su reino no es un más allá imaginario, su reino está presente allí donde El es amado y donde su amor nos alcanza. Su amor nos motiva día a día. También su amor es la garantía de un cielo: El lo ha prometido. Para el papa Benedicto hay “lugares” del aprendizaje y del ejercicio de la esperanza. Nos menciona tres. a.- La oración. Esta nos hace humildes, nos purifica, nos hace encontrarnos con el Dios vivo. ( # 32 – 33 – 34 ) b.- El actuar y el sufrimiento. En nuestro actuar colaboramos para que el mundo sea más luminoso y más humano. En el sufrimiento: ciertamente hacemos lo posible para disminuir el sufrimiento de los inocentes, para aliviar los dolores. Pero nos recuerda que el verdadero sentido de todo sufrimiento es unirnos a Cristo que ha sufrido con amor infinito para salvarnos. Ante el sufrimiento, el papa nos habla de compartir, de consolar y compadecernos. c.- La perspectiva del Juicio futuro. El encuentro final con Dios, al que debemos dar cuenta de nuestra vida, ilumina la importancia que tiene el presente para el cristiano. Los últimos capítulos de la encíclica ( # 49 y 50 ), están dedicados a “María, estrella de la esperanza”. Para llegar a Cristo necesitamos estrellas que nos guíen, luces cercanas que ofrezcan orientación en nuestro caminoMaría es la mejor estrella de la esperanza. Ella con su “si” abrió la puerta de nuestro mundo a Dios. Ella se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros. Ella siempre mantuvo en alto la esperanza, también en el momento de la muerte de su Hijo. En su corazón escuchaba las palabras dichas por el ángel en el momento de la Anunciación: “No temas María”. En la cruz, María junto con mantener la esperanza en Jesús, el Hijo de Dios, recibe un nuevo encargo: madre de todos los creyentes. La alegría de la resurrección conmovió su corazón, con los discípulos esperó el Espíritu Santo: Jesús lo había prometido. En la encíclica “Salvados en la Esperanza”, el papa nuevamente nos llama a poner a Cristo como el centro de nuestro actuar. Para nosotros es un llamado a vivir de la fe práctica en la Divina Providencia, a dar testimonio de que la Alianza es un gran camino para vivir la esperanza.
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