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El
faro de Schöenstatt (JULIO AGOSTO SEPTIEMBRE 2008)
"La publicación de la Familia
Schöenstatiana de la Florida"
Queridos hermanos de Alianza:
El pasado 29 de junio el Papa Benedicto abrió el Año Paulino en
conmemoración de los 2000 años del nacimiento de San Pablo. El apóstol
Pablo, el último de los apóstoles del Señor, es consid erado uno de los
mayores evangelio zadores de todos los tiem pos. Pero ¿en qué radicaba el
misterio de su misión? Por su propio testimonio sabemos que no estaba en su
oratoria o en su presencia. De hecho, conforme afirmaban algunos de la
comuni dad de Corinto “tenía poca presencia y era un pobre orador” (Cf. 2Cor
10,10).
Pablo se distinguía por el “conocimiento” (2Cor 11,6). En esto estaba la
“diferencia” de su predicación con la de los charla tanes. Este conocimiento
del que habla no se reduce a su forma ción intelectual sino que se refiere a
su “experiencia personal” de Jesucristo.
Respecto a la formación intelectual, Pablo llevaba consigo un bagaje
cultural que incluía un conocimiento profundo de la tradición judía y
nociones de la filosofía y religión griega de su tiempo. Sin embargo, la
experiencia que hizo en el camino de Damasco, conocida como “conversión”,
marcó profundamente su vida, más que todos los estudios y prácticas
religiosas.
Fue en el camino de Damasco que empezó su gran transformación interior.. El
perseguidor radical de los cristianos tiene un “encuentro” con Jesucristo
que lo hace caer por tierra, justamente cuando perseguía a los cristianos.
Según la narración de los Hechos de los Apóstoles, Pablo queda ciego por
esta experiencia. El Señor lo manda a Ananias, quien lo acoge y tiene una
visión en la cual el mismo Señor le hace una afirmación sobre el Apóstol:
“ése es mi instrumento elegido para difundir mi nombre entre paganos, reyes
y israelitas” (Hech 9,15). Al cabo de un tiempo Pablo recobra la vista, como
símbolo de la nueva forma de ver la vida en y desde Cristo.
Pablo pasa de ser “perseguidor” de cristianos a ser “seguidor” de Cristo, su
discípulo y misionero. De la conversión nace la misión en cuyo fundamento
está una convicción: “sé en quién he puesto mi confianza” (2Tim 1,12). La
motivación y el contenido del anuncio de Pablo es la fe en Jesucristo y el
vínculo - amor total a Él, a punto de decir: “ya no vivo yo, sino que Cristo
vive en mí. Y mientras vivo en esta carne mortal, vivo de la fe en el Hijo
de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20).
Como Movimiento apostólico, Schoenstatt está vinculado desde el principio
con el apóstol de las gentes. Ya los primeros estatutos de la Congregación
mariana y también los de la Federación apostólica mencionan a San Pablo como
su patrono. Desde 1935 la expresión visible de esto son las estatuas de los
apóstoles San Pedro y San Pablo que desde entonces adornan el altar del
Santuario, y que actualmente se encuentran en todos los Santuarios filiales
del mundo. El P. Kentenich desarrolló innumerables temas centrales de
nuestra espiritualidad inspirado por las enseñanzas de San Pablo, como ser
el Hombre Nuevo en Cristo; la fe práctica en la Divina Providencia; la
incorporación, pertenencia y membralidad en Cristo; y especialmente el
espíritu apostólico y misionero que debe impulsarnos a los cristianos. Al
respecto nos dice San Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún
motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no
predicara el Evangelio!” (1 Cor. 9, 16).
¡Qué gran regalo del Espíritu Santo es este año paulino! El Papa nos invita
a descubrir a Cristo, seguirlo y anunciarlo con el amor y la pasión de San
Pablo. Como él también queremos mirar nuestro tiempo con ojos críticos y
ayudar a construir nuestra sociedad con los altos valores de la verdad, la
justicia, la solidaridad y el amor en Cristo.
¿Qué nos diría San Pablo si hoy caminara en nuestras patrias en este pais:
- Ante el comercio de voluntades en la política nos diría: “No se engañen;
de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará: el que
siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el
espíritu, del espíritu cosechará vida eterna”. (Gal. 6, 7-8)
- A los que viven de la mentira y el robo les diría: “Por tanto,
desechando la mentira, cada cual hable con verdad con su prójimo, pues somos
miembros los unos de los otros.. El que robaba, que ya no robe, sino que
trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe al
que se halle en necesidad”... (Ef. 4, 26-28)
- A los que promueven la confrontación y la desunión les diría: “No salga
de la boca de ustedes palabra dañosa, sino la que sea conveniente para
edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen. Que
desaparezca de entre ustedes toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia
y cualquier clase de maldad, sean más bien buenos entre ustedes, entrañables,
perdonándose mutuamente como los perdonó Dios en Cristo Jesús”. (Ef. 4,
31-32)
- Ante los que se cansan de luchar les diría: “No nos cansemos de obrar el
bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos”. (Gal. 6,
9)
Queridos hermanos en la Alianza, como discípulos y misioneros de Cristo
sigamos construyendo en nuestro ambiente la cultura de la Alianza y del
encuentro. Pongamos nuestra mirada en Cristo y escuchemos estas palabras de
San Pablo, que después de casi 2000 años, siguen despertando la fe,
anunciando la esperanza y conservando gran actualidad y fuerza profética.
Reciban un cordial saludo y bendición en el día de Alianza,
P. Javier Arteaga
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